Todo lo que tenés que saber sobre el muñeco de apego de tu hijo

Cuando somos pequeños buscamos siempre un muñeco u osito que nos haga compañía día y noche, que sea ese amigo inseparable en todo, pero en absolutamente todo. Y más de una vez debes de recordar que cuando te lo olvidabas en algún lugar hacías lo imposible por reencontrarte con él.

Todo lo que tenes que saber sobre el muneco de apego de tu hijo

 


Cuando los años pasan las amistades comienzan a ser más reales y se deja de lado a ese eterno compañero. Pero ¿qué lo que lleva a un niño a tener un muñeco de apego?
Es un objeto especial para el bebé, casi que podríamos decir que es indispensable a la hora de dormir o cuando necesita consuelo y aunque no lo creas representa a la mamá, dándole seguridad en algunas situaciones. Le da al niño una sensación de acompañamiento y protección. Ese objeto que tanto aprecia es el que le permite tolerar la separación de la mamá con más calma y tranquilizarse ante su ausencia como por ejemplo cuando les toca ir a jardines maternales.
Es muy común que ese tipo de muñequito aparezca en su vida a los 7 u 8 meses donde el bebé transita lo que se conoce como la “angustia del octavo mes”, en la que se reconoce como un ser independiente a su mamá.
Este objeto es elegido por el bebé, no por sus padres, y por lo general se tratan de elementos suaves y placenteros para el bebé.
Hay que respetar los tiempos del bebé y cuando él esté listo recién ahí él solo lo dejará a un costado de la cama. En el momento que lo haya dejado es importante que no lo tires de inmediato porque puede tener momentos en los que recurra a él.
Lo ideal es no lavarlo, mantenerlo con los olores naturales que el bebé fue dejando en él porque esto también es parte de su magia. Si se ensucia mucho y no hay opción, lo haces pero en la medida de lo posible, hay que tratar de mantenerlo con esa huella. Y en caso de lavarlo, hacerlo cuando el niño no está viendo.

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